REGISTRATE PARA SEGUIR EL BLOG

BIENVENIDOS

Estimados egresados de la Facultad de Ciencias del Mar, bienvenidos a este espacio, por medio del cual pretendemos acercarlos a su Alma Mater, a sus compañeros de generación y a todos los eventos y hechos cotidianos de nuestra facultad, así como ofrecerles información de la bolsa de trabajo.Esperamos tus sugerencias,comentarios o aportes para ir enriqueciendo esta página. Los comentarios o sugerencias los puedes dejar aquí mismo dando un clic con el ratón a donde dice comentarios y tus aportaciones puedes enviarlas por correo electrónico a la siguiente dirección: aecmarac@gmail.com

12 de marzo de 2013

SEMBLANZA DEL DR. JUAN LUIS CIFUENTES LEMUS

Por: Gildardo Izaguirre Fierro



Juan Luis Cifuentes Lemus, nació hace un …friego de años, en la Colonia Guerrero, el mismo barrio donde canta y pistea la enorme Paquita, por supuesto la del Barrio. Su trayectoria como Cid Campeador de la Biología es impresionante, hasta hace unos cuatro años, había 44 carreras de Biología en el país; Cifuentes ha metido mano y cuchara en la fundación de 43, una de ellas es la nuestra; no recuerdo bien si fue el legendario maestro Marco Escalante (fiel escudero de la vida intelectual y bohemia del maestro) quien me contó que en un bar de Olas Altas, en unas servilletas, se anotaron las ideas  fundacionales de la FACIMAR.

El Biólogo Cifuentes, en su genotipo carga herencia de rebeldía, su padre, el médico Ángel Cifuentes (“le pagaban con huevos y gallinas sus consultas”), luchó junto al guerrillero Augusto César Sandino. Claro que tras la derrota, el Dictador Somoza lo expulsó de Nicaragua, se vino exiliado a México, estudió medicina en la UNAM,  y se casó con Susana Lemus Muñoz, poblana y católica. De esa fecundación salió nuestro personaje: fecundo en ideas e iniciativas, rebelde epistemológico en el campo de la Biología, amigo de científicos que hicieron teorías (Oparin: origen de la vida; Lynn Margulis: la simbiogénesis) y contumaz bohemio bebedor de tequila.

LOS ESTUDIOS
Nuestro biólogo, en la secundaria, tuvo como profesor de literatura, al enorme poeta tabasqueño Carlos Pellicer, que oreaba sus versos en su apasionado trópico:
   Trópico, ¿para qué me diste
    las manos llenas de color?
Todo lo que yo toque
se llenará de sol.

El biólogo Cifuentes suele contar esta anécdota: “el día que nos tocaba examen de literatura, llegó el profesor Pellicer y empezó a dictar las preguntas…pero para sorpresa de todos, incluyó las respuestas, y dijo: ‘se lo aprenden, y cuando entre una señora, gorda y vieja, es la inspectora, le responden con eso’. Y se la pasó  todo el año hablando del Mío Cid y de poesía. Él nos desarrolló el gusto por la literatura”.
El profe de Botánica y Zoología fue el célebre botánico Maximino Martínez, experto mundial en coníferas. Un pino de Zacatecas lleva su nombre. En prepa, su profesor de Zoología fue Enrique Riojas, aquel exiliado republicano que fue el amor eterno de María Elena Caso, la gran bióloga de las estrellas marinas; a Riojas lo conocimos por su libro Elementos de Zoología; también tuvo de maestro al célebre Biólogo Enrique Beltrán, el primer Biólogo titulado de México (aunque Cifuentes dice que el primer Biólogo fue Netzahualcóyotl, el príncipe poeta).

Pero su primera entrada a la prepa no le fue bien, estaba en la edad de la punzada; reprobó dos materias, pero fue campeón de carambola de tres bandas. Dejó la prepa y se dedicó a pintar estufas Mabe y vender lavaderos casa por casa; entonces cumplió los 18 años y el futuro Biólogo se hizo soldado, le toco bola blanca y entró al 7mo Regimiento de Infantería, en la Compañía de Armas; el Soldado Cifuentes  cargo rifle y mortero durante un año y no le gustó eso de aprender a matar y renunció. Quizá las heroicas fuerzas armadas perdieron un General de cinco estrellas, pero nosotros ganamos un biólogo con nueve doctorados “Honoris causa”.
Volvió a la prepa, pero ahora nocturna, ya que de día trabajaba en la SSA, vacunando contra la viruela negra, que en
esos años tatuaba con cicatrices cacarizas la piel de los mexicanos. Cuando  tenía exámenes, las enfermeras lo estimulaban… para que estudiara, y la hizo, sacó el primer lugar en sus estudios.

SU PRIMERA CLASE Y LOS 14 MIL ALUMNOS
Se inscribió en Medicina y Biología; pero a los dos años optó por la segunda; a la mitad de la carrera, un amigo, maestro normalista, le vio pinta de profesor y le consiguió su primera chamba, así, el tres de marzo a las seis de la tarde del año 1953, Cifuentes dio su primera clase de Biología en la Escuela Secundaria y Preparatoria Benito Juárez. De eso hace ya más de 60 años y miles de gises consumidos. Sus colegas cuentan que en su debut docente, la clase era de una hora, pero el rollo se le acabó en 15 minutos y no hallaba que decir; pero ahora, prepara una exposición de 30 minutos y dura tres horas.

Entró a la UNAM como ayudante, después fue laboratorista y por fin en 1960 conquistó la plaza de Zoología I, todo lo ganó por oposición. Don enrique Beltrán, habla de su trayectoria:

A Cifuentes lo conocí en mi cátedra de zoología en la Escuela Preparatoria y lo seguí con el afecto que siempre he sentido por aquellos de mis alumnos que aman la biología y a ella piensan dedicarse. Tal fue su caso, y no pasó mucho tiempo para que el estudiante pasara a ser "colega". Y cuando ese colega comenzó a destacarse como profesor y también investigador, lo seguí con más atención. No tuve que esperar mucho para ver que se convertía en maestro querido y respetado.  Ocupó la Dirección de la Facultad de Ciencias en el periodo 1973-1977, periodo que he calificado como época de oro de las ciencias biológicas en la Facultad de Ciencias”.

Si no me equivoco, fue Rafael Guzmán Mejía, uno de sus biógrafos autorizados, quien nos hizo el favor de contar a los alumnos que les ha dado clases, según cálculos, suman 14 mil estudiantes que han tenido como profe al Biólogo Cifuentes; la mayoría de ellos son Biólogos desparramados por todo el territorio, que donde se lo encuentran, no dudan en llamarle “Maestro” y  hacerle fiesta. Quizá ese sea el mejor premio.
El maestro Cifuentes y alumnos


LA OCEANOGRAFÍA Y LA DEFENSA DE LA NATURALEZA
Junto con dos de sus alumnas, Pilar Torres y Marcela Frías, escribió una ambiciosa obra sobre la Oceanografía: doce libros que tratan de todo lo que hay que saber del océano y sus recursos: Biología, Química, Física, Geología, Pesquerías y el futuro de esa enorme gota de agua salada que pinta de azul la piel de nuestro planeta. Fueron los primeros libros, aquí en México, escritos en “buen romance” y que si bien hoy mucha de la información ha envejecido, no deja de ser una excelente introducción la ciencia oceanográfica.

Sus actividades en la protección de la naturaleza, la conocemos todos: el cocodrilo moreleti, el programa de protección a la tortuga marina, que ha salvado millones de crías que cargan una alacena de genes con más de 200 millones de historia biológica; hoy le preocupan las iguanas de Vallarta, donde vive, ya que se las están comiendo asadas. En unas cuantas semanas veremos a nuestro querido “Cifus” dialogando con cocodrilos en el canal TV del Planeta de los Animales.
Y digo “dialogando”, porque una
de las enseñanzas que ha transmitido el Maestro, es la mezcla del conocimiento científico con el sentido común; que no sé si será el comienzo de un nuevo paradigma, pero lo importante es que diluye la distancia empírica y la distinción epistemológica (perdón por los términos) entre sujetos y objetos del conocimiento; eso que el Biólogo y Antropólogo Gregorio Bateson, llamaba “la mente amplia”, en la que fundía  lo humano-natural. Esto lo entendí hace poco, cuando investigaba la contaminación  del río Piaxtla, encontré bañándose a un comunero de San Javier y  me dijo: “los dueños de las minas no han respetado el derecho del río, lo están matando por la fiebre del oro”. Es decir, el río también tiene derechos, como lo tienen las plantas,  los cocodrilos, las tortugas, los pájaros. Eso es lo que defiende el Biólogo Cifuentes.

EL TLAMATINI DE LA PATRIA

Hace poco, una de las tantas Sociedades Científicas mexicanas a las que pertenece, creo que la de Geografía, lo reconoció como el Tlamatini de la patria, que en el código Florentino, claro que en Náhuatl, lo describen como “el sabio, el maestro”; va aquí la traducción que hace, si no me equivoco, don Miguel León Portilla y fíjense si le queda a este sabio, mañoso, viejo y correoso.

El sabio: una luz, una tea, una gruesa tea que no ahuma.

Un espejo horadado, un espejo agujerado por ambos lados.

Suya es la tinta negra y roja; de él son los códices.

Él mismo es escritura y sabiduría.

Es camino, guía veraz para otros.

Conduce a las personas y a las cosas...

Suya es la sabiduría trasmitida.

Él es quien la enseña, sigue la verdad.

Maestro de la verdad, no deja de amonestar.

Hace sabios los rostros ajenos,

hace a los otros tomar un rostro,

los hace desarrollarlo.

Les abre los oídos, los ilumina.

Es maestro de guías, les da su camino...

Pone un espejo delante de los otros,

Los hace cuerdos, cuidadosos;

hace que en ellos aparezca un rostro...

Gracias a él la gente humaniza su querer

y recibe una estricta enseñanza.

Conforta el corazón, conforta a la gente,

ayuda, remedia,

a todos cura.

“Hacer sabios los rostros ajenos, hacer a los otros tomar un rostro. Les abre los oídos, los ilumina”. Creo que esa es la función del maestro.

Termino con las tres tareas que el Dr. Cifuentes, hace bien en recordarnos, hoy que andamos tan ocupados y preocupados, descubriendo las competencias:

(1) Es necesario generar, con la Investigación Científica, conocimientos propios, no comprarlos, no conformarnos con las traducciones de los libros gringos, alemanes o franceses.

(2) Transmitir esos conocimientos mediante la docencia: el profe que no investiga es un repetidor de saberes, si bien le va, un enciclopedista; pero el profe que no enseña, que no tiene tiempo para hacerlo, ese es de “marfil”.

3) Divulgar el conocimiento, llevarlo a donde se necesite.

Gracias Maestro Cifuentes; Gracias Cristina por mantenerlo activo, lúcido y alegre. Todos quisiéramos esa vejez feliz y conquistar lo que está más allá de la filosofía: la sabiduría.

El maestro con Daniela, que le entrega flores.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buen articulo.
Grande maestro, usted es una inspiración.

Anónimo dijo...

A mi me dio clases de Biologia en secundaria en el Colegio Tepeyac. Se persinaba antes de iniciar la clase pero daba clases muy buenas. Una vez de castigo nos hizo hacer un trabajo basado en el libro "Los cazadores de microbios" de Paul de Kruiff. Todo eso influyo para que yo me hiciera medico.

Unknown dijo...

Un fuerte abrazo para el Dr Juan Luis de parte de su amigo Ramón Pérez Magaña quien en varias ocasiones me tocó viajar con el de la fac d ciencias en el periodo que estuvo cómo director de la facultad quien fuimos varias veces a San Blas a la escuela de ingeniería pesquera