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20 de abril de 2010

EL CABALLITO DE MAR



Gildardo Izaguirre Fierro
Plinio “el viejo”, aquel zoólogo maravilloso y fantasioso, que murió con las botas puestas investigando la erupción del Vesubio (lo ahogaron los gases), recetaba a sus lectores calvos: “caballitos de mar secos y en polvo, macérense en manteca de cerdo tibia y aplíquese: el cabello brotará con la luna nueva”. El Biólogo y pintor Blas Nayar, se aplicó la receta y sigue pelón.
Los usos cambian, hoy varias compañías comercializadoras de China, entre ellas la Guayzhou, importan millones de caballitos marinos: los venden como productos afrodisiacos. Los chinos se los comen y se dedican a fabricar chinitos.
En el mundo, los ictiólogos han descrito 35 especies, a todos los han bautizado con el nombre latino de Hippocampus, son muy parecidos entre si, más al caballito del ajedrez; pero si tienen alguna diferencia las ponen un apelativo diferente. El pequeño, el poni de los caballitos, se llama hippocampus bargibanti de unos cuantos milímetros, pasta alegremente en los arrecifes coralinos de Nueva Caledonia, y el gigante, el percherón, es nuestro caballito que relincha en las praderas de caulerpas en la Bahía de Mazatlán, se llama, aunque él no lo sabe, hippocampus ingens. Don Pancho Pulpo, el mejor buzo pescador de la Bahía, ha capturado ejemplares de 35 cm.
En los meses de diciembre a marzo, el caballito macho nada en celo, se le ofrece a la hembra enroscando la cola en las hierbas marinas, mueve la cabeza y emite breves relinchos en chasquidos, ambos se dejan querer y se ponen pez a pez. De pronto, el macho alucinado enfrenta una potente papila sexual que emerge de la cariñosa hembra, y en dos tres movimientos rápidos penetra al macho por el tierno y rosado orificio marsupial; más claro, lo desvirgina, y el pundonor del macho, de todos los machos del mundo queda seriamente dañado.
Pero en cambio ganamos puntos en lo que se refiere a nuestra capacidad maternal: el caballito embarazado cuida amorosamente los embriones, les da oxígeno, limpia la cuna, les proporciona algunos nutrientes y esto lo hace durante 40 días con sus noches. El Biólogo David Medina, capturó un macho preñado, acondicionó un acuario y durante todo un día se la pasó pujando (el caballito, no el biólogo), pariendo de uno en uno. Le contamos 1500 crías en miniatura. Cada recién nacido, sube a la superficie, traga una burbuja de aire, nada un rato en posición horizontal, después y para siempre lo hace en vertical, batiendo su aleta dorsal a un ritmo de 35 veces por segundo, al igual que el colibrí, y así como ellos, con su trompa de popote, liban con voracidad el nutricio néctar zooplanctónico. Los caballitos son las chuparrosas del mar.

1 comentario:

Vianey Abrajan dijo...

Tiene usted una gracia encantadora para narrar, le mando muchos saludos y espero que todavia me recuerde.

P.D. si tiene fotos de cuando capture el pez en la playa pinitos, le encargo que me haga llegar una, gracias!